16 sept 2012

Esperanza

He tenido una gran suerte. La suerte de vivir una experiencia que no vive todo el mundo. La de vivir durante meses en un país como Rumanía, con la diferencia cultural, social y económica que esto supone con respecto a vivir en España. Y me considero muy afortunada.

Al volver aquí, una maraña de preguntas sobre mi futuro me abruma un poco todos los días. La crisis económica, que ya golpeaba el país antes de que me marchase, ahora muestra su peor cara, sobre todo con los jóvenes. Jóvenes que como yo, tienen una titulación superior, expectativas, idiomas, ganas de seguir aprendiendo...Y de trabajar. De ser independientes, de empezar a construir ellos solos sus sueños con la base que han ido adquieriendo durante años de formación. Y sin embargo, no parece que la situación vaya a mejorar pronto.

Haber vivido durante casi un año en Rumanía ha cambiado mi forma de ver las cosas; más bien, de enfrentarme a ellas. Nadie va a negar que la situación económica de España es desastrosa y que eso está afectando a los jóvenes que quieren dedicarse a lo que han estudiado. Efectivamente, se está produciendo una "fuga de cerebros" que no creen tener un futuro (ni siquiera cercano) aquí. No me refiero sólo a las cifras, a la prima de riesgo por las nubes, a los recortes, que son muy reales. Tampoco quiero invitar a la inacción, a hacer como que no pasa nada y a mirar cómo todo se viene abajo, felizmente.

Sin embargo, salir por tu propio pie y vivir una realidad diferente te hace comparar muchas cosas, muchos valores a veces, y muchos miedos también. España no está para tirar cohetes, y Rumanía tampoco. Pero la inestabilidad política que tiene Rumanía (hace apenas unos meses el Presidente estuvo a punto de ser depuesto en un referéndum), no la tenemos aquí. Allí hay más trabajo, con menos sueldo, es verdad. También hay más corrupción en las administraciones, y mucho más visible que aquí, donde se suele concentrar en la clase política o sus allegados.

La experiencia que he vivido me ha aportado ser más positiva, buscar soluciones propias. La gente que he ido conociendo por el camino, y no sólo en Rumanía, también viajando un poco, me ha hecho darme cuenta de que la gente sale. Salen, sí, por muy simple que parezca.


En las vías del tren, entre las piedras y las vigas, en un lugar donde todos los días una máquina que pesa toneladas barre ese terreno... Nace una planta, a penas apreciable a la vista.

Allí conocí a Alexandra, una chica poco mayor que yo, con un hijo de dos años y que debe hacerse cargo de sus padres, ya mayores y que en ocasiones no pueden valerse por sí mismos.
Es periodista y le encanta la edición de vídeos. Llegó a trabajar en una revista de renombre en Bucarest, pero al quedarse embarazada lo dejó para poder cuidar a su hijo, y ahora no ha podido volver. No se rinde: trabaja escribiendo artículos desde casa para algunas webs especializadas, el sueldo no es bueno y hay que escribir mucho, pero así puede cuidar de su hijo. Su pasión por aprender edición le llevó a ser autodidacta, aprendiendo en Internet cómo usar programas informáticos. A falta de una buena cámara, Alexandra ha realizado vídeos para webs en los que entrevista médicos o analiza la realidad de las mujeres de su entorno con una simple cámara de fotos usando el modo vídeo.

No ha sido la única persona admirable que me he encontrado por el camino. A unos pocos kilómetros de Câmpina vive un hombre fascinante que a sus 60 años forma campeones de judo y además de dedica a sus otras dos pasiones: la pintura y la escultura. Y no se trata de alguien que haya llegado hasta ahí gracias a tener dinero; él también tuvo que trabajar mucho en otras cosas para poder primero formarse él y más tarde poder formar a los demás.

Roxana es sin duda una de las personas que más me ha sorprendido. Cuando la conocí el año pasado ella acababa de cumplir los 17. Es una chica alta, morena, de tez blanca, que no aparenta su edad, sino mucho más. Fue ella la primera (y casi única) voluntaria que nos enseñó cómo era nuestra ciudad destino en Rumanía, la que nos acompañaba a poner los pósters de las películas que proyectábamos en el centro en los sitios más visibles, ella quien nos hizo de intérprete con profesores de instituto que no sabían qué era eso de ser voluntario europeo y quien me presentó a los niños del orfanato donde más tarde me animaría a colaborar en enseñando español.
Roxana me explicaba que para ella era muy importante el voluntariado, y a su edad ya ha formado su propia asociación con sus amigos, con quienes hace talleres de globoflexia y actividades infantiles de vez en cuando.  Todo esto lo organiza ella misma hablando con los encargados del Ayuntamiento y con su instituto.


                                                                     Taller de goboflexia el verano pasado

Hay también muchas personas anónimas para mí, muchos que con su ejemplo, en el día a día o en situaciones puntuales me hicieron ver la realidad desde otro punto de vista. Y ese es el mayor logro al que se puede llegar cuando uno realiza un viaje.

Desde aquí quiero rendir homenaje a todos ellos, de quienes tanto he aprendido conviviendo, unas veces más y otras menos, pero que han sido mis verdaderos maestros.


15 sept 2012

Panfleteros

El periódico "El Mundo" ofreció hace unas semanas en su edición on-line una entrevista con el periodista Gay Talese (uno de los máximos referentes del llamado "Nuevo Periodismo" de la década de los 60).
El experimentado prosefional, octogenario a día de hoy, afirma que los blogueros son unos panfleteros. En su opinión los blogs no le hacen un favor al verdadero periodismo, al que de verdad a él le interesa.

Talese es partidario de hacer periodismo desde la calle, en primera persona. Y, como ya confesó hace un par de años, cree que los blogueros son muy vagos, por lo que nunca serán una amenaza para el buen periodismo porque éste siempre acabará llegando a las personas. Afirmó entonces que no lee ninguna publicación on-line y que lo importante no es estar informado de todo, sino bien informado de las cosas esenciales. El auge de los blogs, en su opinión, tiene mucho que ver con la amenaza de crisis económica que muchos medios han visto venir y se han refugiado en publicar por Internet, con lo que los periodistas se han vuelto esclavos de la tecnología descuidando así la parte esencial de su trabajo.


Esto me ha hecho reflexionar.

Este también es un blog, aunque no pertenezca a ningún periódico. A la hora de escribirlo, de concebir tan siquiera la idea...¿Qué tuve en cuenta? Primero, la posibilidad. Internet, para bien y para mal, nos ha traído la posibilidad de que todo aquel que sepa mínimamente cómo manejar un ordenador pueda crear su ciberespacio personal en el que narrar, poner fotografías, vídeos...Con muchísima más facilidad que cualquier escritor, fotógrafo o cámara de épocas anteriores, por muy buenos que fuesen, y llegar a más gente. No porque sean mejores, sino porque es más fácil.

Segundo: una necesidad de contar. Y he aquí donde puede llegar el panfletarismo, la subjetividad o la objetividad. Este no es un blog puramente periodístico; no es mi periódico on-line. Tiene artículos que sí son periodísticos, alguna entrevista, análisis de la realidad, y también ha sido una vía para expresar sensaciones, sentimientos, reflexiones personales.


Tal vez tenga razón Talase al decir que el blog nunca sustituirá un buen trabajo de investigación periodística, desde luego, que lleva mucho más tiempo que escribir de vez en cuando el ordenador lo que se pasa por la cabeza, sin análisis ni crítica ninguna, sin trabajo y sin esfuerzo. Aunque también se puede poner todo ello en un blog, aunque esto sea una excepción. Y una de ellas a mi modo de ver la constituye Judith Torrea, la joven periodista que desde Ciudad Juárez, en México, informa desde su blog sobre la situación de la zona en relación con el narcotráfico.http://juarezenlasombra.blogspot.com.es/

No se puede realizar un gran trabajo únicamente con Internet y un ordenador como herramientas, tanto para la búsqueda de información como para su transmisión. Hay que investigar, salir a la calle, hablar con la gente, hacer entrevistas, buscar donde realmente se puede encontrar buen material. Pero una vez hecho esto el blog puede ser una herramienta de comunicación muy eficaz, aunque realizar todos estos pasos sean excepciones dentro de la profesión periodística y el mundo de los blogs.

10 ago 2012

El joven ladrón

Hay una historia que anoche llamó, de repente, a las puertas de mi memoria. Es una de tantas que he vivido en el país balcánico, de esas anécdotas a las que no se le da importancia mientras una las vive y se va aclimatando a la vida en situaciones nuevas, pero que al llegar a casa y ver lo cotidiano recobran un sentido especial.

Empezó el pasado diciembre, concretamente el día 17. Esta era la fecha en que yo me dirigía al aeropuerto de Otopeni (el más grande de la capital rumana) para volar hacia España y volver a ver a familia y amigos después de 6 meses. Aunque mi vuelo salía a las 6 de la mañana del día siguiente, preferí hacer noche en el aeropuerto, no quería tener problemas de tiempo y así cogía en transporte público: un autobús que por 7 lei (si no recuerdo mal) va directamente desde Gara de Nord (la Estación del Norte) hasta Otopeni.
Los taxistas, esos grandes enemigos del bolsillo del extranjero en Bucarest (y a veces incluso de su inteligencia), regatean el precio que a ellos les parece, y por hacer el mismo trayecto que el bus piden 70, 60, 50...o 40 leis en el mejor de los casos. No recomiendo este servicio salvo que se trate de una urgencia, pues incluso los que parecen oficiales desconectan la máquina para que la cobaya humana en que se convierte el extranjero hacia el aeropuerto no pueda saber el valor de la estafa.

A sabiendas de todo esto, aquella tarde- noche (sí, porque desde las cinco de la tarde ya era de noche) me dirigí a la parada de dicho autobús, a la salida de la estación. Arrastraba, en el sentido más literal de la palabra, una maleta vieja cargada con toda la ropa de verano; y llevaba a mi espalda otra mochila, cargada a reventar. Tras varios intercambios de palabras con los taxistas (que raudos se aproximaban a la puerta de la estación con las " Tres bes": Bueno, Bonito...¡Y Barato!), pude encontrar la marquesina para esperar el autobús. 

Esperé y esperé. Pasó media hora, pasó otra. Gente venía a la parada, llegaban autobuses que iban a otros destinos, algunos se subían y llegaba gente nueva. Al llevar hora y media en la gélida noche bucarestina, apareció el autobús, cual aparición mariana para mi estado de nervios. Me dirigí a hablar con el conductor para explicarle con mi rumano básico que le pagaba el billete allí mismo ya que con todo el jaleo ni sabía dónde había que comprarlo. <<Muy bien, muy bien>>, me dijo el hombre desde su cabina, dándome a entender que le importaba poco que no le pagase pero que entrase de una vez, que hacía frío.


              <<Gara de Nord>>, la estación de trenes más importante de Bucarest. Foto: Wikipedia.

Así lo hice, cuando de pronto noté cómo alguien me empujó y se pegó a mi mochila, y eso que en ese momento sólo estaba yo sola para entrar. Me giré y vi a un chico, que, ante la mirada de el resto de pasajeros y el descaro de la situación, salió corriendo del autobús.

-¿Te han robado, lo tienes todo, estás bien?- Me preguntaron unos chicos rumanos que se habían subido en el mismo sitio.

-Sí, sí, lo tengo todo.- Dije después de abrir el bolsillo de la mochila.

-¡Qué suerte has tenido! (Noroc!)- Exclamaban y gesticulaban. Y aunque hablaban muy rápido entendí lo que decían: que los ladrones se suelen poner en esa parada para acechar a los que van a aeropuerto, le observan y luego le intentan robar. Por lo general son dos, y mientras uno hace como que te ayuda con la maleta, el otro se pega a tí por detrás mientras te abre los bolsillos de la mochila o el pantalón y te roba la cartera o lo que puedas llevar de valor. A mí me salvó que cuando al surbir no había a penas gente y fue muy evidente el intento de robo. Sin embargo así fue como robaron a mi coordinador en la estación de tren de Cracovia, Polonia.

Había oído hablar de la miseria de Bucarest, de las advertencias sobre tener precaución (más siendo de fuera), la mayoría me parecía que estaban basadas en prejuicios contra los gitanos, y en cualquier caso me consideraba alerta. Pero por eso mismo no pensaba que me fuese a pasar a mí.

Revisé durante el trayecto al aeropuerto que llevaba todo: el billete impreso, el DNI, la cartera, eso era lo más importante. Al bajarme en Otopeni y entrar directamente en el aeropuerto sentí un gran alivio, sobre todo al ver algunos policías vigilando la zona, personal de limpieza hasta por la noche, pantallas de plasma anunciando vuelos y destinos, restaurantes con zona wi-fi...¿Qué mundo era éste, tan distinto del que acababa de dejar atrás?


Pero esta historia no acaba aquí. Esto es sólo una introducción, o, al igual que el título de una canción de Extremoduro, una "Dulce introducción al caos".

Pasaron varios meses hasta que, en abril, volví a hacer el mismo trayecto hasta Otopeni.
Esta vez sí era plenamente de día, era una tarde con mucho viento, pero bonita. Después de un invierno crudísimo, Rumanía empezaba a florecer, y su capital, afamada por sus zonas verdes, empezaba a tener una atmósfera especial en la que el aire y los colores de sus árboles y jardines se vivían intensamente.

Volví (esta vez con billete), a la parada del autobús. Esta vez sólo iba a buscar a una amiga, por lo que llevaba conmigo únicamente una mochila. Bajo el sol de la primavera la espera se llevaba mucho mejor.

Fue entonces cuando vi a un muchacho. Era moreno, tanto de pelo como de piel, e iba vestido con ropa que le venía grande: me llamó la atención la chaqueta enorme que llevaba. No sabría decir cuántos años tenía, pero rondaría los 13 años, tal vez 14, quizá 12, puede que incluso menos. Creo que pasa mucho con los chicos en esas condiciones: pueden aparentar ser más mayores por lo avispados que les ha puesto la vida en la calle, pero esta misma, por la mala alimentación y los malos hábitos les hace que parezcan más infantiles.
Estaba rondando la parada, y en seguida me acordé de mi aventura de hacía unos meses. Mi cara debió delatarme, porque nada más verme se sentó a mi lado.

Me abracé a mi mochila, como diciendo: <<Esta vez nadie va a intentar hurgar aquí>>, y seguí esperando el autobús. Él estaba sentado en el mismo banco, a mi derecha, y aunque no sé exactamente qué decía en rumano, sé que le hacía gracia la situación, ver la reacción que era capaz de causarme con sólo sentarse al lado. No dije una palabra, no le contesté (ante todo porque no quería delatarme como extranjera), y al poco tiempo me levanté y me fui a esperar a otro asiento, resguardado por más gente que también estaba esperando, y donde me sentía más a salvo. 
Una parte de mí se sintió mal, como: <<Te estás dejando llevar por los prejuicios>>, pero la otra sólo se acordada de ese intento de robo la noche antes de despegar.

Como de costumbre, el autobús del aeropuerto se hizo esperar. Llegó uno que iba a otro sitio, y la gente empezó a ir hacia él, en masa. Entonces vi cómo el chico se levantó y se acercó a la multitud, poco a poco. Me iba mirado mientras se colocaba detrás de una mujer que llevaba un gran bolso, bastante a la vista. Su sonrisa era desafiante. <<Ellos no me ven, tú sí, tú sabes lo que voy a hacer. - Parecía estar diciéndome mientras me sonreía - No vas a ser tú hoy, pero mira, va a ser otra, yo voy a hacer lo que voy que voy a hacer de todas formas.>>

Las puertas del autobús se cerraron y la figura del chico se perdió entre la gente. Yo no perdí por un segundo el control sobre mi mochila, aun sabiendo que, por el momento, el peligro había pasado. Seguí esperando medio alerta, pensativa. Recordaba los andares del chico hacia toda esa gente...Y sobre todo, ese gesto, dirigido a mí únicamente, esa sonrisa que me pareció desafiante y bobalicona al mismo tiempo, propia de un niño que quiere atención por la fechoría que está a punto de cometer. Como quien, sabiendo cuál es su suerte y su desagracia, se resigna, la acepta, e incluso juega con ella, se ríe de ella y la maneja su antojo.

De repente me pareció que había una profunda tristeza detrás de todo ello.


9 ago 2012

María de Rumanía

Lo que más sorprende y caracteriza a este país son todas las influencias que este lugar de los Balcanes ha tenido a lo largo de su historia. El Imperio Otomano por un lado, lo húngaros por otro, la dinastía alemana...Y es que aunque Rumanía sea un Estado republicano democrático hoy, comunista hace apenas 23 años, también fue una monarquía.

Y hoy dedico este post a una mujer que fue fuertemente popular y es aún recordada por su carácter: la reina María.


                                                                                     María de Rumanía en un retrato.

Una de las mujeres que más huella dejó en este país...y eso que no era rumana. Al menos de nacimiento.

No. La reina María de Rumanía nació en Reino Unido. En 1875. Como todos los matrimonios reales de la época, el suyo fue de conveniencia, y se casó con el heredero al trono rumano con sólo 17 años, el entonces príncipe Fernando. Pero la I Guerra Mundial, en la que Rumanía participó dos años después, hizo que no fuesen coronados hasta 1922.A juzgar por sus cartas no fue un matrimonio feliz e incluso existen dudas de que los dos últimos hijos de la pareja no fuesen de su marido.

¿Y a qué se debió su popularidad? Básiamente a la labor que realizó durante la I Guerra Mundial en Rumanía, prestándose a ayudar a la Cruz Roja con los heridos y enfermos. Más tarde colaboró activamente en causas benéficas y de reconstrucción de edificios.


                María de Rumanía realizó labores sociales durante la I Guerra Mundial. Vídeo de Youtube.

Quiso estar presente el el Tratado de Versalles para presionar y conseguir ayudar para Rumanía.
Tuvo una gran influencia en el mundo político y gracias a ella el país consiguió aumentar un 60% su territorio, pues uno de sus objetivos era reunir en el país a todas las personas de habla rumana. Ganó las regiones de Besarabia, Transilvania y Bucovina, así como zonas del Banat, Crisana y Maramures.

En cuanto a sus hijos, Carol llegó a ser Rey, siendo proclamado Carol II. Perdió la relación con él al presionarle para casarse por conveniencia en un matrimonio dinástico, tal como había hecho ella.


Pero la reina era mucho más que su poder de influencia. Era también amor a las letras y a la cultura. Por eso escribió sus memorias tras la muerte de su marido u obras de ficción como <<La azucena de la vida>> o <<Hijo del Sol>>.

Murió en el Palacio Real de Peles, en Sinaia, en 1938. Sin embargo, su última voluntad aún no se ha cumplido: que su corazón descansase en Stella Maris, una capilla que ella misma mandó construir en el palacio de Balcic, Bulgaria. A día de hoy yace en el sótano del Museo de Historia de Rumanía en  Bucarest.

Como curiosidad, citar a la escritora Dorothy Parker, quien le dedicó unos versos en su poema <<Comment>>:



<<Oh, life is a glorious cycle of song,
A medley of extemporanea;
And love is a thing that can never go wrong,
And I am Marie of Roumania.>>

<<Oh, la vida es un círculo glorioso de canción,
una mezcla de extremporánea,
Y el amor es una cosa que nunca puede ir mal,
Y yo soy María de Rumanía>>

Debido a este texto, en castellano la expresión: <<Y yo soy María de Rumanía>> ha pasado a designar algo increíble.

20 jul 2012



La cita era de Rosa Luxemburgo...Perfecta, a mi parecer, para definir la importancia de viajar

23 may 2012

Punto y seguido

Hace ya unas semanas que terminé mi EVS. Hace unos días que he dejado Rumanía atrás, sobrevolándola. Hace ya unas semanas, después de diez meses en ese hermoso país del este de Europa rodeado y sumido en la Historia.

Han sido muchas experiencias las de estos últimos meses, las de esta "aventura" que empecé en julio. Muchas expectativas cumplidas, muchas sin cumplir, otras, cumplidas inesperadamente y sin saber si quiera que podían existir.
Es difícil describir el recorrido. Este mismo blog, que dio sus primeros pasos con intención de informar sobre el voluntariado en Rumanía tampoco ha acabado cumpliendo esa función (por diversas circunstancias) y poco a poco empezó a evolucionar hacia otra cosa, convirtiéndose en un espacio personal en el que escribo y cuelgo lo que me da gana y me parece interesante.

Han sido muchas las personas que han pasado por mi vida en este último año. Y ha sido un aprendizaje sorprendente en todos los sentidos. Mis dos compañeras de piso a las que recordaré siempre, una francesa y otra de Jordania, de las cuales aprendí y ellas me enseñaron lo que sólo una convivencia tan estrecha puede enseñar: desde mejorar el inglés como idioma básico hasta la amistad más allá de las barreras culturales o religiosas...Comidas árabes, tardes en la terraza bajo el sofocante sol rumano (recordemos que Câmpina es la ciudad más soleada del país), encuentros y desencuentros, problemas de convivencia y soluciones (no siempre puestas en común), dibujos, viajes, horas y días de tren, charlas sobre historia, estudios, sueños, expectativas...


                       Mi querida Rula...cuánto te voy a echar de menos.


El resto de compañeros, de Italia, Albania y España con los cuales compartí varios meses en Câmpina...Otros voluntarios, de diferentes países: Turquía, Estonia, Polonia, Hungría, Moldavia...a quienes a veces tuve ocasión de visitar y me acogieron hospitalariamente (otra de las cosas que se aprende en el EVS).

Uno de los objetivos del Servicio Voluntario Europeo es promover la educación no formal. Esa que no se aprende en los libros ni en las academias, no que sea mejor no peor, pero que forma una parte importantísima de la vida al fin y al cabo: cómo convivir, adquirir y compartir valores, ganar independencia...
Puedo decir que esa la he adquirido con creces. Todo es mejorable, y aún hay mucho que aprender en todo.

No siempre las cosas funcionan como prometían, no siempre todo va bien...y en mi proyecto la verdad es que hemos tenido problemas: de comunicación en la organización, con los jóvenes, con los institutos y otras instituciones que no siempre se prestan a ayudar, en la coordinación...Los propios voluntarios nos hemos desmotivado muchas veces y no hemos visto muchas posibilidades que esta oportunidad ofrecía.

Pero lo importante es que todo eso me ha servido a tener mi propia iniciativa cuando lo oficial no funcionaba, a tratar nosotros mismos con la gente (aprendiendo así el idioma), a proponer y llevar a cabo las propias ideas, a echarle imaginación, ganas, a viajar...


                                                                El "Bosforo Express", de Bucarest a Estambul


De los siete voluntarios que hemos pasado por el proyecto, cuatro lo abandonaron (tres de ellos por decisión propia y el otro fue expulsado), y yo he sido la que más tiempo ha pasado en Rumanía...10 meses al final....¡Quién me lo iba a decir aquella primera semana de julio, nada más llegar, cuando pensaba que no duraría ni quince días! Llamaba a España todos los días y miraba, curiosa, los enormes jardines de las casas rumanas que en verano florecían bajo un sol de justicia.
Sabía que toda una aventura estaba por delante, pero no podía ni imagina cómo sería, quiénes serían los protagonistas ni qué vueltas daría la historia....
No, no ha sido todo tal como ponía en el contrato de "Servicio Voluntario Europeo", y al margen de que tantos compañeros voluntarios lo hayan dejado, yo me pregunto: ¿Ha sido mejor? ¿Ha sido peor?

Ha sido diferente, y para mí, bueno sin ninguna duda. He aprendido todo lo que he escrito antes y más, y en cuanto a la comunidad que iba a beneficiar he aprendido también a cómo tratar más directamente con ellos.
Y aunque no estuviese escrito en ningún sitio empecé a dar clases de español en un orfanato local, lo que a la vez que me permitió conocer más gente dedicada a los niños y me ha abierto puertas y la mente...También he realizado debates con jóvenes en el centro, estuve dando clases de baile y realizamos algunos reportajes con la población.

He conocido mucha gente, mucha, mucha gente. Y eso es sin duda lo mejor de todo, con lo que yo me quedo. Porque sin los demás no somos nadie. Ese es el gran aprendizaje.

Y hablando grandes aprendizajes de se me vienen a la cabeza los recuerdos de cuando aprendí a escribir... Y he aquí el porqué del título de esta entrada...Un tanto friki pero con mucho sentido para mí.
Recuerdo a la profesora haciéndonos dictados, y diciendo cómo había que estructurar el texto. Párrafos, comas, puntuación....No era fácil al principio, pero se hizo sencillo. Esto es muy importante, porque dependiendo de cómo se ponga puede cambiar totalmente el sentido de lo que se cuenta.
Siempre me acordaré de cuando nos explicó que <<punto y seguido>> significaba que había que poner un punto, pero que seguías escribiendo detrás. Y que <<punto y aparte>> significaba que cambiabas de párrafo: ponías un punto y empezabas a escribir en otra línea ideas diferentes de las del párrafo anterior.
La <<coma>>, sin embargo, es una pausa muy pequeña que se hace dentro de una misma frase.




En algún lugar de un gran país...

Por eso mi despedida del SVE está bautizada como <<Punto y seguido>>. Porque sí, han sido 10 meses (que no son moco de pavo) en los que he aprendido muchísimo, y por eso no puede ser una simple <<coma>> en mi vida: tiene un contenido propio. Pero no lo voy la relegar a la categoría de <<Punto y aparte>>, porque ya no se puede. No puedo pasar de párrafo ni cambiar de contenido así como así. Esta experiencia me ha tocado y transformado de alguna manera, y por eso no hay un salto de línea: el texto va a seguir guiado por las mismas ideas y no pierde su esencia.

Acabo mi despedida al SVE con las palabras de Phil Bosmans de un extracto de su libro <<Las flores del bien>>.


"Sin los demás, la vida, el amor y la felicidad, son una utopía.
Estamos enlazados unos con otros mediante infinidad de hilos.
Una vida depende de otra vida y ninguna se desarrolla sin las demás."